El acrílico tornasolado de la Infinite no es un color: es una experiencia que cambia con la luz y el ángulo.
Durante el día, refleja tonos sutiles y elegantes; de noche, cuando se enciende, explota en una paleta iridiscente que va del violeta al verde, pasando por destellos azulados y dorados. Cada movimiento transforma la pieza, haciendo que nunca se vea igual dos veces.
Es una lámpara que no solo ilumina: captura miradas.
Un objeto dinámico, casi vivo, que convierte cualquier espacio en algo único.
